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Héctor Castro, el manco de oro 

No existen barreras si los sueños son más altos que los obstáculos. En la vida como en el futbol, nadie esta acreditado para negarle a nada a otro alguien. Es un deporte donde las hazañas vienen impresas desde la etiqueta. Donde el honor y pundonor vienen entendidas desde la antesala de la historia misma. El futbol está inventado para poder contar las historias más maravillosas que la humanidad necesita para motivarse.

La historia de Héctor Castro no es mucho menos motivo de orgullo que ninguna otra. De hecho, es una historia de ejemplo, temple y fortaleza que posiblemente, no se vuelva a repetir o que simplemente, sea la demostración de que los héroes son de una sola manufactura.

Fue figura con el Peñarol de su país y de la selección uruguaya donde consiguió un Oro olímpico incluso. Source: Tres Cuatro Tres.

Nació en los inicios del siglo pasado. La influencia del futbol llegó de Europa pero sin conocer los grandes estadios ni las fastuosas aficiones en multitud. De hecho, Castro comenzó su historia, cuando el futbol también apenas escribía la suya. Siendo un niño, hijo de padre español, aprendió el sinónimo de la pelota por herencia. Acostumbrado y obligado por la vida misma a trabajar como obrero para poder sobrevivir, el futbol no era más que un sueño y pasatiempo en sus ratos libres.

Un accidente con una sierra eléctrica en tiempos laborales, hizo que perdiera una mano. Esto para nada lo desmotivó. Sino que lo fortaleció aún más. Incapacitado para seguir con el tipo de labores que su padre le exigía, el amor por el futbol creció al tener ahora como herramienta principal sus pies. Los ratos libres se volvieron tareas de hogar con la pelota. Sus habilidades llamaron la atención, así que su padre lo inscribió en una extinta sucursal del Athletic Club llamado Lito.

Ganó 2 Copa América con grandes actuaciones suyas. Source: Futbol, Fierros y Tango.

El talento en el mediocampo era notable y su derecha un sinónimo de misil y exquisitez. Nacional, el equipo (o de los equipos) más importante de Uruguay lo llamó y entonces en 1924 se incorporó.

Ahí, la exposición “mediática” (escasa para la época pero al final exposición) hizo que el seleccionado uruguayo se fijara en él y en 1926 lo convocó para jugar la Copa América en Chile, la cual ganaron, aunque no del todo gracias a él, sí colaboró con 6 goles en 4 partidos. Sin embargo, el bagaje que adquirió Héctor en ese torneo, fue de suma importancia.

Al año siguiente, jugaron el torneo en Perú, quedando en segundo lugar. Jugó 3 partidos y anotó 2 goles. Pero en 1928 llegó la gran oportunidad de demostrar su calidad y la de sus compañeros a nivel mundial. Fue en los Juegos Olímpicos de Amsterdam. Jugó poco, pero lo que jugó, aportó. En dos encuentros hizo un gol. Suficiente para que su selección se llevara el Oro Olímpico.

Héctor Castro marcó el cuarto gol uruguayo para levantar el título mundial. Source: FIFA.

Una prueba más en Argentina al año siguiente antes del magno evento que por fin se iba a concretar: la Copa Mundial de Futbol. Y qué mejor, en su país Uruguay. Él sabía que los libros de historia en el futuro hablarían de esta Copa, la suya. El Mundial de 1930 representaba no solo la exigencia de tener que ganarla por ser locales, sino que la poca participación de europeos y la “venganza” ante Argentina que un año antes les privó de ganar la Copa América, eran el aliciente necesario para levantarse en ánimos.

Y ahí estuvo Héctor. Sin una mano. Arrastrando miradas de incredulidad. Acaparando las vociferaciones de los rivales cuando veían que “no estaba completo”. Pero la mano daba igual. Nadie lo sabía, pero ese handicap lo había ayudado en gran parte de sus actuaciones.

Lejos de sentirse menos, Héctor Castro jugaba como si nada pasara. Evitando tal vez hasta burlas por parte de aficionados y rivales. Él sabía que el respeto por anteriores juegos, estaba ganado. Así que aunque no jugó mucho, participó en vitales encuentros. Ayudó en la goleada de 6 a 1 a Yugoslavia y la más importante: el último clavo sobre el ataúd argentino.

Uruguay se proclamó Campeón del primer Mundial en su casa en 1930 ante Argentina. Source: FIFA.

Sí. La final se inclinaba para los pamperos. Pero Uruguay reaccionó dando la vuelta al 1-2 del medio tiempo a 3-2. Y Castro, obtuvo su revancha. Marcó el cuarto y definitivo gol para ese 4-2 que quedó enmarcado para el resto de su vida y la de sus compañeros. Uruguay era el primer campeón del mundo. En su casa, con su gente y gracias a un “manco divino”.

Cinco años después regresó a tierras incas para seguir cobrando revanchas. Lo logró y Uruguay volvió a ser campeón de América en 1935 con dos goles suyos.